Hablemos de conocimiento


Hablemos de conocimiento

Luis Manuel Cruz, Santo Domingo, 25 agosto de 2018

Definición del conocimiento

En la sociedad actual del conocimiento y de contradicciones, la educación debe jugar un papel importante para la orientación de la sociedad para un desarrollo humano sostenible. Para ello de acuerdo con Gómez (2002)[1] cada sociedad requiere que su sistema educativo se oriente a dar respuestas a las exigencias y necesidades que hoy demanda dicha sociedad.

Así toda sociedad que desee tener un rol protagónico en este entorno dominado por el conocimiento que pretenda resolver sus contradicciones, deberá considerar su sistema educativo como el motor y factor de dinamismo.

Por lo anteriormente expuesto, el conocimiento, según Peter Drucker (Druker, 1993, P. 8) es el activo más valioso de las instituciones del siglo XXI, trátese o no de empresas productivas, el cual estará representado en los trabajadores del conocimiento y su productividad” (Drucker, 1999, p. 135.).[2]

Visto desde otra perspectiva, el conocimiento se puede ver según lo expone Ernesto Gore (Ernesto Gore, 2003. p. 292) en su libro conocimiento colectivo como” Creencia basada en información. [3]

Clasificación del conocimiento

El conocimiento lo podemos clasificar a modo general en dos grandes grupos:

  • Conocimiento Tácito y Conocimiento Explícito.

Conocimiento Tácito

Es el conocimiento no verbalizado, arraigado en la acción y la experticia, subjetivo y ligado al contexto (Gore. 2003. p. 292).[4] El conocimiento tácito o implícito es aquel que está almacenado en la mente de los empleados (Beazley. 2003. P. 46).[5]

Conocimiento Explícito

Conocimiento verbalizado, generalmente controlable, mesurable y administrable. En resumen, el conocimiento tácito es el que poseemos los seres humanos y nadie lo conoce y puede utilizar y el explícito, es el que nosotros utilizamos en nuestros procesos.

Más aún, el conocimiento explícito (Cutcher. 200. p. 3), es comúnmente tangible, pues se encuentra en manuales, libros, políticas, procedimientos, reglas de trabajo, dibujos ingenieriles y acuerdos de contratos colectables. [6]

Conocimiento operativo[7]

El conocimiento operativo (Beazley. 2003. Pa. 51) es aquel que tienen un componente polifacético y un alcance muy amplio. Se nutre de todos los rincones de la organización, abarcando siete tipos de conocimientos para formar un todo coherente, ellos son:

  • Conocimiento cognoscitivo

  • Conocimiento de destrezas

  • Conocimiento de los sistemas

  • Conocimiento de las redes sociales

  • Conocimiento de los procesos y procedimientos

  • Conocimiento heurístico[8]

  • Conocimiento cultural

El conocimiento como parte del capital intelectual o humano[9]

En el 1494 el monje veneciano Lucas Pacioli (Chiavenato, 2002. p. 18), conocedor de las matemáticas publicó “Summa Arithmetica. Geométrica, Proportioni, et proportionalitá” primer libro sobre contabilidad. Pacioli creó un sistema de riesgo financiero (entradas y salidas de capital, compra, venta, etc.) en un modelo de doble entrada que permite la gerencia contable en las formas actuales. Medio milenio después está surgiendo un paradigma que afirma que el esquema de Pacioli no funciona en la actualidad.

A partir del concepto anterior, las organizaciones modernas basadas en conocimientos actualizados donde el conocimiento es el principal recurso productivo, la contabilidad tradicional no funciona. La premisa es que las viejas verificaciones de medidas numéricas y cuantitativas ya no son suficientes.

Acorde a dicha premisa, el capital intelectual está en el cerebro de las personas, y no en el bolsillo del patrón. Pero, ¿Cómo puede medirse dicho capital? La pregunta es difícil, pero daremos algunas respuestas. La nueva realidad indica que la mayoría de los bienes de una organización son intangibles, así como la habilidad organizacional, el Know-How tecnológico, el conocimiento del mercado, la lealtad del cliente, la moral de las personas, la cultura corporativa, etc.

Hablando de medir el capital intelectual, según Peter Drucker (Drucker. 1999. P. 35)[10] el Capital Intelectual se define como el trabajo impulsado por el conocimiento y el activo primordial en las empresas modernas.

El conocimiento como activo de capital

En la economía del conocimiento, tanto el costo de los bienes de servicio como el valor que estos crean, tienen un componente cada vez mayor de activos intangibles entre los cuales están el conocimiento y asuntos como las patentes y las marcas registradas.

Bien pareciera por lo anteriormente definido, que la relación entre activos intangibles y tangibles pasó de ser de 1 a 1[11] (lo cual significa que el valor de una compañía en el mercado era aproximadamente igual al valor de sus activos físicos) a ser de 5 a 1 lo cual significa que los bienes intangibles de una compañía se consideran cinco veces más valiosos que los activos tangibles. Entre todas las prácticas, alternativas y opciones para llevar a cabo la práctica del conocimiento, la más interesante, me parece la desarrollada por Baruch Lev, él mismo la detalla: "Lo que propongo es un cálculo que parte de lo que llamo ganancias normalizadas, una medida que se basa en ganancias pasadas y futuras”.[12]

Con todo y lo anterior, cuando se trata de contabilizar el valor del conocimiento, no es posible hacerlo a menos que se considere el potencial de futuras ganancias que ese conocimiento puede generar. De hecho, éste es uno de los aspectos en que fallan los esquemas contables tradicionales: todos se basan exclusivamente en datos históricos.

Dichos esquemas, basan su enfoque teniendo en cuenta el pasado, pero también el consenso de analistas en materia de pronósticos. A partir de esos pronósticos él hace un promedio, al que llamó ganancias normalizadas promedio. A las ganancias normalizadas se les resta un retorno promedio por activos físicos y financieros, debido a que, en teoría, son activos sustituibles.

De modo que cuando se sustrae a las ganancias normalizadas un retorno razonable sobre los activos físicos y financieros, definió lo que queda como ganancias del conocimiento. Son las ganancias creadas por los activos intelectuales.

Es difícil encontrar entre lo complejo que resulta hasta el día de hoy medir el capital intelectual, una explicación tan sencilla como la anterior. Además de ser sencilla es muy abarcadora, porque también incluye el área de investigación y desarrollo, ya que en muchas adquisiciones o cotizaciones son dejadas de lado, o, en el peor de los casos, la investigación y el desarrollo son considerados como gastos.

En general, el éxito del departamento de investigación y desarrollo es un proceso, que puede durar meses o años. En el caso de los laboratorios para elaborar una nueva droga o la industria tecnológica para sacar al mercado un nuevo software. Si bien los tiempos se están achicando de manera contundente, todavía no se sopla y se hace botellas, ni siquiera Bill puede (aunque quizás lo esté tramitando).

Debemos comprender, que el caso de AOL, América Online, es claro. AOL, invirtió en la captación de nuevos clientes porque el mercado así lo requería. En el momento de ser comprada, AOL tomó esta inversión como un activo, ya que consideró que en futuro esa inversión iba a dar sus frutos. En el momento de la compra, los analistas financieros enviados por el comprador, declararon que AOL trataba de manipular sus números, a partir de ese momento hubo tirantez hasta que en 1996 AOL cedió y declaró la inversión de U$S 385 millones en captación de clientes como gasto.

Los más hábiles para ejercer atracción sobre la mente de la gente son a menudo los artistas, los intelectuales y quienes posean una naturaleza más poética. Esto se debe a que las ideas se transmiten con más facilidad a través de metáforas e imágenes.

Por lo tanto, siempre es bueno tener a mano por lo menos un artista o un intelectual de manera que pueda incidir en forma concreta en la mente de la gente. Los reyes siempre tenían a mano todo un equipo de escritores. Federico el grande, tenía a Voltaire (hasta que discutieron y se separaron), Napoleón ganó a Goethe para su causa. A la inversa, Napoleón III, al provocar la antipatía de escritores de la talla de Victor Hugo, a quien exilió de Francia, contribuyó a su creciente impopularidad y su posterior caída.

El conocimiento operativo como un bien genérico [13]

Imagine que hay un barco a la deriva en el océano, aprovisionado con todo lo que un ser humano puede desear para satisfacer sus necesidades, salvo algo para beber. Aunque no hay agua potable a bordo, el barco está rodeado por agua, pero esa agua que golpea incesantemente el casco no se puede beber. A medida que la sed se apodera de los pasajeros, la ira y la frustración aumentan. ¡Si, tan solo pudieran convertir el agua salada en agua dulce para beber!,

Ésa es la alegoría de los aprietos por los que pasan los trabajadores del conocimiento recién contratados. Están inmersos en un mar de conocimientos que no pueden utilizar. ¿Cómo convertir en conocimiento concreto para su trabajo, los datos la información y el conocimiento que los rodean a fin de que adquieran significado en el nuevo cargo?